Existe una palabra en alemán muy elocuente para explicar cómo me siento: “unterwegs”. Se refiere a cuando uno anda de viaje o camino a algún sitio. Es un “estar de viaje sin llegar aún”. Lo curioso es que se mantiene casi estático. Es un estar de viaje sin decir hacia dónde se va o desde dónde se viene Tan sólo basta un “ich bin unterwegs” (“estoy de camino”) para dar una idea completa.
Me recuerda a ese cuento de la carrera entre Aquiles y la tortuga, aquél en el que al animal se le dio una ventaja que el héroe nunca zanjará, paralizando así la carrera en el mismo correr. Creo que es un argumento de Zenón de Elea, para demostrar que todo movimiento es ilusorio… Pero no estoy seguro. La cuestión es que así me siento, sólo estoy unterwegs, sin siquiera salir de mi casa.
No es que me queje o sufra, diría más bien que me va... sin saber a dónde. Y eso, así como me puede desesperar, me muestra las múltiples vías que puedo seguir, aunque ninguna tenga preferencia a otra.
Un blog para encontrar y esperar.
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miércoles, 17 de octubre de 2007
sábado, 21 de julio de 2007
La mascota
La tengo, en un apequeña caja de aluminio verde, desde hace dos días. Es también el número dos, la segunda. La primera se fue sin avisar, rápido y callada dejó de moverse y seguro de respirar. Pero la segunda siempre fue más ruidosa, por lo menos como ellas pueden ser ruidosas: con la presencia. Cada noche se asomaba desde no sé dónde, hasta posarse junto al librero. Un día ya no se volvió a esconder, y se quedó dormida a medio camino. Desde entonces la tengo en la cajita. Más frágil que nunca, sus seis patas restantes reposan desarticuladas y entrelazadas. Su cuerpo se aplasta y seca como una pasita que el tiempo callado se va chupando. Alguna vez tuvo sus ocho patas, alguna vez, pero tampoco sé cuando las dejó de tener. Tan sólo así llegó, franca y despacio, para ocupar el muro. Nunca la vi comer, nunca la vi saltar, sólo sabia que caminaba desde algún rincón a la pared.
Mientras te tendré en la caja. La cerraré de nuevo, y algún día, cuando casi no quede nada de ti, ni siquiera en mi memoria, te tirare despacito, como cuando caminabas, en una maceta o quizás a la jardinera.
Mientras te tendré en la caja. La cerraré de nuevo, y algún día, cuando casi no quede nada de ti, ni siquiera en mi memoria, te tirare despacito, como cuando caminabas, en una maceta o quizás a la jardinera.
viernes, 15 de junio de 2007
Esperando
Recién leí que no había persona más solitaria que la que espera; que quien está esperando ha de guardarse lo que quiere decir, y que se ve condenada a la “frustración de sus expectativas”. Claro, creo yo, esto se aplica al aburrido que se sienta en un café o restaurante, y que sólo está ahí para encontrarse con alguien. La espera es algo aledaño, e incluso producto de un error. Basta un poco de puntualidad y problema resuelto.
¿Y quien espera, simplemente espera? De noche y de día la espera puede volverse aburrimiento, una distensión absurda del tiempo. En especial quien lo hace sin saber qué espera corre el “terrible” peligro de aburrirse. Tal vez porque todo tedio proviene de haber olvidado que se esperaba algo.
¿Y si la esperanza no se olvida? Es poco probable que… Casi seguro que no se aburriría. Aunque me temo que la esperanza –fantasía alimentada del futuro– es de tan endeble materia, que los golpes del presente la disuelven como si fuesen un reventar de olas sobre un pequeño terrón de azúcar.
¿Y si aparecieras por la entrada? Tal vez entonces me sentiría solo. Tendría que guardar la libreta, esconder un rato mis ideas, y recordaría que espero algo que ya no sé qué era.
¿Y quien espera, simplemente espera? De noche y de día la espera puede volverse aburrimiento, una distensión absurda del tiempo. En especial quien lo hace sin saber qué espera corre el “terrible” peligro de aburrirse. Tal vez porque todo tedio proviene de haber olvidado que se esperaba algo.
¿Y si la esperanza no se olvida? Es poco probable que… Casi seguro que no se aburriría. Aunque me temo que la esperanza –fantasía alimentada del futuro– es de tan endeble materia, que los golpes del presente la disuelven como si fuesen un reventar de olas sobre un pequeño terrón de azúcar.
¿Y si aparecieras por la entrada? Tal vez entonces me sentiría solo. Tendría que guardar la libreta, esconder un rato mis ideas, y recordaría que espero algo que ya no sé qué era.
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Yves Klein
Para quienes han usado el "Moment mal!"