Un blog para encontrar y esperar.

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domingo, 19 de agosto de 2007

Resucitación (en fragmentos)

Después de la muerte de Bergman siguió la epidemia y en algún momento también se me murió el blog. Por lo menos entró en coma, y quizá haya sido diabético por la melosidad de mi melancolía. Regresando a eso de la muerte. Hablo de epidemia porque en silencio se me han ido muriendo muchas cosas. Resbalándose como agua, ni siquiera sé qué he perdido. Pero estoy seguro que algo está muerto, y que no fue un simple extravío. Algo me dice que ya no vuelve. Por lo menos sé que mis ganas de escribir se han puesto lívidas. Ojalá no me vengan con la sorpresa de que no quieren volver a levantarse.
Por si fuera poco, las coincidencias me han regalado un ramillete de muertes ajenas. Nunca he visto la muerte violenta, sólo aquella que se anuncia despacito. Sin embargo, estos cuentos, incluida en ellos una novela, lograron esbozar en mí la terrible pena de morir. Una niña de tres años aplastada en un accidente, una mujer que deja a su familia entera al morir de una enfermedad inexplicable, la disolución de una protesta tiros… Por todos lados escucho de muerte. Y casi como revancha, estas memorias negras se van llevando algo de mí a su tumba. Quizás esto es lo que se me ha estado muriendo. Si no, sólo espero que no me estén enterrando vivo y en partes.

lunes, 4 de junio de 2007

¿Por qué empezar?

¿Por qué empezar un blog, y comenzar a confesarme en público? Seguro lo hago porque él hizo uno. No cabe duda que sigo siendo un reactivo y reaccionario; un simple deudor que pelea su felicidad en los terrenos ajenos. Pero mientras aprendo a vivir una vida que no sea un efecto de lo que los demás hacen con las suyas, hablaré y escribiré... ¡Eso es! Mejor escribo porque la vergüenza ha hecho de la comunicación un terreno escurridizo y falso. En el mecánico “estoy bien” y “ayer fui al cine” –que se parece tanto a un veloz copy-paste del diccionario de las conversaciones– las palabras esconden su deseo y su sexo. Poco a poco los diálogos se nos cansan, y el silencio parece lo más cercano al ideal de la apasionada comunicación.
Aunque no sé mucho de ideales, pues tiendo a creer que soy de esas personas mediocres faltas de convicciones, supongo –y toda suposición es cobardía a comprobar algo– que en el laberíntico ir y venir de los párrafos puedo hallar una chispita de verdad; de una verdad mía que, como hilo de Ariadna, me guíe a través de los muros anchos y extensos creados por las relaciones humanas.
Y sin embargo no me siento perdido. La peor condena que puede caer sobre una persona es ser lo suficientemente ciega para no ver que su existencia es una mentira más o menos respetable. Les puedo decir que ya hice ese obligado viaje a los “ínferos del alma” en el que todas las cosas “aparecen con un rostro invertido”, y ahora... ¿y ahora qué? Todo parece haber regresado a la natural confianza de los días aburridos. De algún modo debo agradecer que él me haya regalado un nuevo boleto para regresar a la incertidumbre. Así que bienvenido al mal viaje de una persona que no encuentra un signo apropiado para nombrarse... Por favor no saquen las manos y aseguren sus pertenencias.

Yves Klein

Yves Klein
Para quienes han usado el "Moment mal!"